A la mi*rd* todo j*der
Estoy confusa, triste, agobiada. Todos mis sentimientos se están amontonando, todo se me está juntando. Las preguntas que me hago sin querer y que aparecen de la nada sobre mi relación me agobian y a veces me cuesta respirar. A veces me pregunto si realmente estoy bien como estoy, pero desde que empecé a salir con él, desde que dejamos de ser amigos (casi mejores amigos), me siento mal conmigo misma, estoy todo el día pensando y pensando, y eso no es bueno, no puedo con tanta presión. Todo esto me agobia.
Luego están mis padres; me obligan a hacer cosas que no quiero. ¿Si ya no me gusta el taekwondo, por qué debo seguir haciéndolo, eh? ¿Por qué tengo que saber defenderme si un día intentan violarme? ¿Por qué tengo que saber contratacar si me agreden? ¿Y por qué en vez de enseñarme a mí cómo defenderme de la sociedad de hoy en día, no enseñan a los demás cómo comportarse y ser buenas personas? ¿Por qué tenemos que jodernos por los demás? ¡Estoy harta!
Ya no me gusta el taekwondo, no quiero seguir allí, y no es porque ya haya conseguido el cinturón negro, sino porque ya no me llena como antes. Ya no me siento como antes cuando voy. Y como he dicho antes, sé que tengo que saber defenderme, pero estoy harta del taekwondo, ya no quiero seguir ejerciéndolo, y menos ir a la clase de los mayores, porque hacen llaves, tiran a la gente al suelo, bloquean a la gente, y a mí esas cosas no me gustan. Y si ya no me gustaba la clase de los pequeños, la de los adultos, menos.
Y lo peor es que mi madre antes me apoyaba. Al principio me dijo que si quería desapuntarme podía hacerlo, pero que tendría que ir al gimnasio, y ahora he encontrado a una amiga que quiere ir al gimnasio conmigo, pero mi madre ha cambiado mi opinión. Porque mi padre está todo el rato fastidiando con eso de que tengo que ir sí o sí, pero no quiero. ¿Qué no pueden entender que ya no me gusta y que no quiero seguir yendo? ¿Qué a ellos les gustaría que los obligaran a hacer cosas que no les gustan? No, ¿verdad? Pues ya está, joder.
Pero también, si lo pienso bien, si tuviera que elegir entre quitarme el peso de la relación o el taekwondo, erigiría la presión de la relación, porque cuando en taekwondo aún me gustaba (era de las cosas que más me gustaban hacer), iba al taekwondo para olvidarme de mis pensamientos y eso me ayudaba también.
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